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Las cuestas de la vida

“Cierta vez estando de viaje, me tocó subir escaleras y más escaleras a través de un trecho larguísimo y sumamente empinado que parecía no tener fin. 

Un puñado de respuestas

Recientemente un amigo me planteó cuestiones variadas. Dado su interés reproduzco mis respuestas que pueden ayudar a todos. No reproduzco su carta pues mi discreción en la correspondencia es completa.

Un puñado de respuestas

                               Te agradezco tu sinceridad y afecto. No necesito decirte que te respeto porque eso, de mi parte, lo has experimentado siempre en conversaciones directas y a través de los correos en los que comparto contigo mis trabajos y reflexiones.

                               Vaya por delante que me encanta el diálogo y el contraste de pareceres. Es mi planteamiento habitual en el trato con la gran variedad de personas que trato, creyentes o no, que me buscan por mi talante abierto y  mi amplio espectro cultural y mi experiencia: voy camino de los 66 años.

                               Como sabes, soy físico electrónico, y apasionado de la mecánica cuántica, de la astrofísica y del origen del universo. También soy filósofo y amante de tratar de llegar, con la sola luz natural de la razón, a las profundidades más recónditas de la sabiduría humana.  Por último soy sacerdote y teólogo. No me he conformado con los estudios sacerdotales que en su día hice. Trato de profundizar con la luz de Dios y de mi entendimiento en las Verdades que Jesucristo ha revelado.

                               Como ves, soy amante de la belleza de la verdad y de la sabiduría. Y cada vez más soy consciente de que en esta vida solo se puede ser principiante en el conocimiento de la verdad. Me encanta el diálogo sosegado y sereno que ayuda a todos a avanzar hacia la verdad en cualquier ámbito. 

                             Después de este preámbulo me parece oportuno recordar que los 400.000 sacerdotes católicos del mundo no somos unos simples funcionarios de la Iglesia Católica. El año que viene se cumplirán los 50 años del momento en que experimenté que Jesús se metía en mi vida, se me entregaba por completo y me pedía que le correspondiera.  Desde los 16 años y medio decidí dedicar mi vida a los demás desde la mañana a la noche.

                               La llamada al sacerdocio se materializó en Roma años más tarde. Como todos los demás, recibí el sacramento del orden instituido por Jesucristo en la Última Cena.  Por ese don los sacerdotes somos configurados con Cristo y recibimos su oficio de ser pastores, maestros y dispensadores de los misterios de Dios.

                               ¿Qué doctrina enseñamos? El evangelio de Cristo. ¿Qué doctrina enseña la Iglesia con sus pastores? El evangelio de Cristo. ¿Qué doctrina viven y enseñan todos los cristianos? El evangelio de Cristo.
                               El Opus Dei, las Comunidades Neocatecumenales, Comunión y Liberación, Los Focolares y los Grupos Carismáticos son las instituciones de la Iglesia que  más presencia tienen en la Iglesia. ¿Qué doctrina tienen? El evangelio de Cristo. No tenemos otra.

                               Jesucristo afirmaba: "Yo soy el Camino, la Verdad  y la Vida.  El que acierta en su vida y es feliz es el que escucha mis palabras y las pone en práctica. Id y enseñad a todas las gentes la Buena Nueva. Yo soy la Luz de mundo y vosotros, mis discípulos, también lo sois. Y la luz no se pone bajo la mesa sino sobre el candelero. Brille así vuestra luz ante los hombres para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen  a vuestro Padre que está en los Cielos.".

                               ¿Qué encierra el Evangelio? Recuerda la ley natural, impresa en la naturaleza humana, desde su origen. Y además hace a los hombres y mujeres  hijos de  Dios y les da la ley evangélica nueva: amor a Dios a quien se reconoce como Padre y amar al prójimo como Jesús nos ha amado. Los medios fundamentales para ser cristianos radican en la Palabra de Dios, y los sacramentos de la Penitencia y Eucaristía que restañan nuestra debilidad y nos dan la fortaleza de Dios al recibirle sacramentalmente.

                                Jesucristo no pasó de largo nunca delante de nadie.  En todas partes propuso (que no impuso) la Verdad que traía al mundo. A los discípulos les mandó imperativamente que propusieran a todos y en todas partes el evangelio. Y que les conocerían por el amor que se tenían y derramaban por todas partes.

                               Comprendo que cuando se ve la eficacia profesional y apostólica de los cristianos y no se comprende que Jesús está con ellos -dando la eficacia de sus trabajos- se busquen otro tipo de explicaciones.
                               Te decía que el Opus Dei enseña el evangelio de la Iglesia Católica. Se puede decir que su característica peculiar es tratar de vivirlo con plena sinceridad: destacan en su vivencia: la filiación divina, el trabajo profesional, la familia y la coherencia de vida.

                               Si te dieras una vuelta por los lugares en los que trabajo: la parroquia, el colegio Xabec y la asociación juvenil Dardo, que aglutina a trescientas familias, desaparecerían tus dudas por ensalmo.
                               Me refiero ahora a Xabec. Como sabes, los ciclos de reglada empezaron en 2006. Hace cuatro años pusimos en marcha el Inn Main, una asociación internacional que aglutina 18 centros de formación profesional de nuestra área (el mantenimiento industrial) de 12 países distintos.  En ocho años hemos puesto a nuestro centro en la élite de la formación profesional. Somos pioneros en la formación dual y con los cursos de capacitación del Servef (servicio valenciano de empleo y formación) llegamos a infinidad de parados e inmigrantes llegados en pateras.

                              El Inn Main tiene encuentros para fomentar el  intercambio de profesores y alumnos y poner en marcha proyectos educativos subvencionados por la UE. Pues bien, en un reciente encuentro en Valencia nuestros socios del Inn Main se quedaron asombrados.  Al contemplar todo lo anterior y el clima del centro: la armonía entre profesores, junta directiva, alumnos, padres...se asombraban. "¿Cómo habéis conseguido esta excelencia profesional y humana en tan poco tiempo? -nos decían- Nos parece un sueño, hecho realidad. Ya quisiéramos tener esta calidad humana en nuestros centros" .

                               Les respondimos que lo hemos  conseguido con nuestro ideario cristiano y les dijimos que el corazón y motor de nuestro centro es la capilla del colegio: Tenemos a Dios en el sagrario. Ante tal afirmación, al visitarla, se sentaron todos en los bancos. La mayoría de ellos agnósticos, ateos o cristianos no practicantes. Y permanecieron un rato pensado en su experiencia en Xabec. Algunos han empezado a acercarse a la fe cristiana.

                               Como ves, el evangelio del trabajo, cuando se aplica, produce unos frutos asombrosos. Con el ejemplo, los valores humanos y cristianos se difunden entre profesores (sólo ocho son del Opus Dei, incluyendo los tres de la junta directiva) y alumnos. Xabec es conocido en las empresas valencianas por la buena cualificación profesional y valores humanos de nuestros antiguos alumnos.

                               El mundo está sembrado de iniciativas solidarias promovidas por el Opus Dei en los cinco continentes.  Con ocasión de la beatificación de nuestro anterior obispo, Álvaro del Portillo, en septiembre pasado en Madrid, tuvo lugar un pequeño congreso que repasó la principales iniciativas solidarias fomentadas por él durante su vida. En su día te envié un enlace para que echaras una ojeada.

                               Como ves, basta  con visitar cualquier centro solidario (todos lo son) del Opus Dei para que uno calibre la importancia de su labor mundial de promoción humana. Por lo demás eso mismo podemos decir de los centros de las demás instituciones cristianas y de todas las parroquias españolas. En estos años de crisis, centenares de miles de personas han sido socorridas en sus necesidades de todo tipo: alimenticias, de vestido, de alojamiento, de tratamiento médico, etc. Las labores asistenciales de la Iglesia Católica en España ahorran al estado unos 30.000 millones de euros.

                               Esa caridad vivida eficazmente y la alegría que tenemos y compartimos mueven a la fe cristiana a muchas y muchos de los que se acercan a cualquier institución cristiana. Hay muchas personas que se abren a la luz de evangelio en todas las comunidades. En la parroquia hemos tenido recientemente la alegría de bautizar a dos jóvenes chinos residentes en la ciudad.

                               Un tema que requiere una reflexión para otro día es el de los principios éticos naturales insertos en el corazón humano. Lo que se ha venido llamando desde siempre la ley natural. Dos buenas referencias históricas son los principios éticos de los egipcios (ver AQUÍ) y la ética a Nicómaco de Aristóteles.  La reflexión conduce a que son principios no recibidos desde fuera de la persona por educación sino insertos en la naturaleza desde su nacimiento (por así decir están en los genes humanos). Se descubren con el autoconocimiento. 

                               Eso se engarza con las tablas de la ley recibidas por Moisés, mandamientos que Jesucristo confirma indicando que esos principios estaban en el corazón humano desde el principio. El objeto de su revelación en la Sagrada Escritura es facilitar su conocimiento que, a veces no es fácil conseguirlo a causa de nuestra debilidad.

                               En cuanto a la manifestación en defensa de la vida. Estaba promovida por varias asociaciones ciudadanas que, desde hace años, defienden la familia, la mujer y la vida. A mi juicio, con buen tino, evitan que ningún grupo político y religioso tenga protagonismo  en estos actos porque la defensa de estos valores esenciales es patrimonio de todos. Es el suelo sobre el que todos los ciudadanos vivimos. La crisis familiar universal hace, si cabe, más importantes todas las iniciativas ciudadanas orientadas a defenderla.

                               De los homosexuales solo decirte que tienen todo el aprecio de la Iglesia  Católica. El Catecismo recoge en un punto muy amplio la atención que les dispensa. Personalmente tengo conocidos y amigos homosexuales. La estima es mutua por ambas partes.
                              
                               Como te será fácil comprender, mi alegría es máxima cuando charlo amigablemente con Jesús  y le tengo en mis manos todos los días. En confidencia te diré que siento cómo coge todos los días este pobre corazón que tengo y me entrega un corazón nuevo para acoger, escuchar, comprender y ayudar a los demás. 

                                                 Juan Ramón


¿A DONDE SE HA IDO DIOS?


 Hace más de cien años, un escritor ateo presentaba una escena aún hoy desgarradora. Describía a un hombre entrando con un farol en una gran plaza, diciendo a voz en grito: «¡Busco a Dios!, ¡Busco a Dios!... ¿Adónde se ha ido Dios? ... Os lo voy a decir... ¡Dios ha muerto! ¡Y nosotros le hemos matado!... Lo más sagrado y poderoso que poseía hasta ahora el mundo se ha desangrado bajo nuestros cuchillos». Aquí, el loco se calló y volvió a mirar a su auditorio: también ellos callaban y le miraban perplejos. Finalmente, arrojó su farol al suelo, de tal modo que se rompió en pedazos, y se apagó. «Vengo demasiado pronto –dijo entonces–, todavía no ha llegado mi tiempo. Este enorme suceso todavía está en camino y no ha llegado hasta los oídos de los hombres»[11].
Muchos, leyendo estas líneas, han perdido la fe. Y, después de tantos años, casi podría parecer que el momento que anuncian ha llegado por fin: Dios, para mucha gente, no significa nada. Lo sabes bien, porque, si eres reconocido como cristiano, notas con qué extrañeza te miran. Lo ves a diario. Lo experimentas. Lo aprecias en tus compañeros. Luchas todos los días –con tu conducta alegre y normal– por hacer comprensible el nombre de Dios y de la Iglesia. Con todo, es un hecho que casi todos entienden casi nada.
Pareciera que se ha cumplido la profecía de Nietzsche, como si ya no quedara nada de sagrado, y lo religioso no fuera sino una reliquia pasada. Han hecho de Dios un concepto vacío.
¡Pídele al Señor con insistencia que se haga presente en nuestro mundo! ¡Que venga en nuestra ayuda y la de tantos hombres! Así te prepararás mejor para Pentecostés: implorando su presencia y rezando. Medita la primera estrofa de la secuencia al Espíritu Santo. Apréndela de memoria. Dila muchas –muchísimas– veces, como para contrarrestar la putrefacta profecía de la muerte de Dios:

Ven, Espíritu Divino,
Manda tu luz desde el cielo,
Padre amoroso del pobre,
don en tus dones espléndido,
luz que penetras las almas,
fuente del mayor consuelo.

Piensa que, cuando un hombre deja de creer en Dios –lo decía Chesterton–, pasa a creer en nada, y entonces es peor, porque se puede creer cualquier cosa. Nuestros compañeros de estudio o de trabajo, en su mayoría, tienen un poco de alergia a todo lo que suene a religioso, y muy especialmente a lo que huele a cristiano.
Se interpreta a la Iglesia católica como la portadora de un mensaje estrecho, contrario a la libertad; y la existencia de Dios y de Jesucristo se pone en tela de juicio.
Toca responder. Toca ser valientes. Toca ser mujeres y hombres que se fían de Dios, que invocan al Espíritu Santo que habita dentro de ellos. Valientes. Audaces, con verdadera fe. Lo primero es rezar: ¡Ven, Espíritu Divino!
Solo podremos transmitir la alegría de ser discípulos de Cristo si somos capaces de adoptar una actitud positiva ante lo que nos rodea. Con «espíritu de queja» será muy difícil que Dios vuelva a hacerse presente en el mundo. El Espíritu Santo es el gran «SÍ» de Dios: es el Amor de Dios, que se desborda y llena el mundo y los corazones. Decir un «sí» a Dios significa decir un «sí» grande al mundo, porque vivimos justamente en el lugar donde Dios quiere.
Este es nuestro punto de partida. Un «sí» redondo. Un «sí» grande. Un «sí» enorme. O sea, personas humanamente positivas: suficientemente sobrenaturales para poder convivir con las circunstancias que nos rodean, tantas veces ajenas a Dios. Seremos también personas plenamente espirituales, y justamente por eso cien por cien humanas. Y sabremos disfrutar como el que más con la música, la moda, los gustos y el deporte, siempre que no sean contrarios a la ley de Dios.
¡Así nos quiere el Señor!, ¡así somos los cristianos! Hombres y mujeres llenos de vitalidad. Atractivos. Que visten bien, que gustan de lo bueno. Amantes de tantas cosas fantásticas que hay en el mundo: bien fijos en la entraña de la tierra. Los pies en el suelo. Procura, por favor, no ser –en la medida de lo posible– de otro planeta, y eso, sobre todo, por amor a Dios, que es providente.
Espíritu Divino, ¡manda tu luz desde el cielo! Un primer propósito: pídele al Espíritu Santo ser una persona luminosa y alegre.

Para transmitir esa luz, no basta sonreír o tener una apariencia agradable. Nada más áspero que la conocida sonrisa falsa. Una sonrisa, si es todo y solo forzada, es como mentirosa, porque el resto del cuerpo, de la palabra, de las posturas... la desmienten. Eso, discúlpame, puede producir cierta alergia.
Para volver a hacer a Dios presente en nuestros ambientes, para que venga el Espíritu Santo de un modo nuevo (¡Ven, Espíritu Santo!),tenemos que ser capaces de hablar desde el centro mismo de nuestra existencia. Piensa que, si quieres tocar el corazón de los otros, primero tendrás que cambiar tu propio corazón; y eso es algo que hará contigo –si le dejas– el Espíritu Santo.
Métetelo en la cabeza. No puedes funcionar solo por la fuerza. No puedes crecer solo a base de puños. La vida cristiana no es tanto un esfuerzo sin límite como una gracia sin medida. El Espíritu Santo es capaz de cambiar nuestro pobre corazón, porque Él penetra en las almasy es fuente del mayor consuelo.
Fomenta el trato con la Tercera Persona de la Santísima Trinidad hablando con Él muchas veces al día, ¡llamándole!, y pídele que te conceda una sonrisa auténtica que muestre tu particular convicción en la verdad y en el amor de Dios.
EVANGELIO
San Juan 16, 29-33
En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús: —«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios».
Les contestó Jesús: —«¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».

Fulgencio Espá, Con El, 13 mayo

[11] F. Nietzsche, La gaya ciencia (1887), Palma de Mallorca 1984, n.255 (cit. en J. Burggraf, La transmisión de la fe en el postmodernismo: en y desde la familia) en http://www.conoze.com/doc.php?doc=8948#n1.

La persecución de los cristianos

1. Jesús nos advierte de la persecución para que suframos menos. 2. La persecución silenciosa de este siglo. 3. La persecución durará hasta el final de nuestras vidas: grandeza de alma.

1. Quizá sea signo de mentalidad conservadora o tan solo un modo de ganar siempre y encontrar, al menos, un consuelo. Me refiero a la costumbre que tienen algunos de apostar siempre por la derrota de su equipo favorito. Componen el siguiente constructo en su imaginación: si mi equipo gana, estaré contento; si pierde, al menos ganaré la apuesta.
Existe una cierta tendencia humana a ponerse siempre en lo peor. Se ve en este ejemplo, y es igualmente real cuando se trata de hacer una maleta. Comienzas por lo fundamental, lo que vas a usar, y poco a poco el equipaje se va llenando de cosas superfluas, por esa maldita manía de ponerme en lo peor. Lo que era accesorio se convierte en esencial, por si acaso llueve, por si acaso me veo en una situación donde deba ir más elegante... y, así, a poquitos, el volumen del equipaje sobrepasa el límite de peso de la compañía más benévola y acaba por exigir la presencia de algún hermano fuerte y bien dispuesto que haga el favor de cerrarla con esfuerzo... y todo por un conjunto de prevenciones que la mayor parte de las veces nunca ser harán realidad.
Es natural que uno quiera estar preparado para todo, y especialmente para lo peor. Disponerse para las cosas malas es una reacción humana natural, porque prever lo difícil y lo doloroso hace que, cuando llega, cueste mucho menos. Sin embargo, hay un solo dolor que el corazón humano no puede soportar: la desesperanza. Dicho de otra manera, la falta de esperanza puede acabar con el hombre más cabal o con la mujer más perfecta, porque ella solita es capaz de matar al amor. ¿Cómo podremos, entonces, prevenirla?
Un buen método consiste en tener noticia de aquello que me hace –o me va a hacer– daño y saber cuánto va a durar. Piensa que las situaciones más dolorosas son las que llegan de improviso o bien aquellas que se prolongan indefinidamente en el tiempo: ambas acaban minando la esperanza, y entonces sí que se sufre de verdad.
Jesucristo quiere que, si un día nos persiguen por su nombre, no nos pille desprevenidos, para que nuestra esperanza permanezca incólume. Si un día te ningunean por ser un hijo de Dios, o un cristiano auténtico, o miembro de una familia numerosa, o por no querer cometer determinados pecados contra la fidelidad a tu esposa o a tu esposo (¡a tu Dios!)... entonces, cuando seas perseguido, recuerda las palabras de Cristo en el evangelio de hoy: «si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. (...) Recordad lo que os dije» (Jn 15, 18.20).

2. Era en un pueblecito de la italiana provincia del Lazio. Don Carlos había sido invitado a comer por una familia de campo: solo asistirían los padres porque los dos hijos, ya mayores, excusaron su presencia por diversas razones. Hablaron de todo un poco. Ya en el café, la señora comentó con sorpresa cómo su vecina esperaba el octavo hijo y exclamó jocosamente: «¡Esa mujer parece una incubadora!».
El comentario hirió los oídos del sacerdote más que una daga afilada y, sin mediar un segundo, replicó: Señora, yo soy el pequeño de dieciséis... y mi madre no es una incubadora; es una verdadera mujer, de pies a cabeza: mujer y madre.
La situación se había puesto tensa, con el consiguiente sonrojo de la buena campesina, que se descompuso en mil disculpas después de tan desafortunado comentario.
La persecución que sufrimos hoy –al menos en los países occidentales– no consiste en la búsqueda y captura con el fin de dar muerte a los cristianos. El evangelio que anuncia la persecución se cumple hoy en esa caza silenciosa de la crítica, de la mofa, de la burla, del sarcasmo.
Este acoso se concreta en la exclusión de cristianos de determinados puestos de trabajo (jueces, médicos, farmacéuticos, abogados); en el rechazo a la maternidad, en la mofa de la virginidad antes del matrimonio o de las relaciones sexuales limpias y abiertas a la vida, en la incomprensión a la vocación al celibato o a la vida consagrada... Es precisamente en estos campos donde en el siglo XXI se persigue a los cristianos.
Ante este panorama, ¿qué puedes hacer tú? Ofrece al Señor tanta incomprensión, que probablemente experimentes aun con personas muy queridas –¡incluso en tu familia, entre tus compañeros!–. Habla con Él de las situaciones que te han hecho sonrojar o de aquellas otras donde no fuiste capaz de responder auténticamente: te dio miedo. Dile que quieres ser suyo, que quieres dar testimonio, que quieres ser valiente, que quieres ponerte siempre de su parte porque, además, conoces la promesa del Maestro: «quien se pone de mi parte delante de los hombres también yo me pondré de su parte delante de mi Padre del cielo».

3. Jesús nos advierte del peligro futuro –la persecución– pero no nos dice si se prolongará o no durante mucho tiempo, si será larga o corta. No nos dice: estad preparados, porque la persecución será dura, poco a poco os quitarán cosas: primero la fama, luego los bienes (y antes de nada el teléfono móvil touch screen que te acabas de comprar), más tarde os separarán de vuestra familia y finalmente os quitarán la vida. Esta persecución durará treinta y dos meses y tres días, pero luego seréis liberados de tal o cual manera...
El Señor no nos ha dicho nada de eso. Sin embargo, nos ha dado alguna pista para que sepamos a qué atenernos: «No es el siervo más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán» (Jn 15, 20); y a Jesucristo le persiguieron hasta el final de su vida, causándole la muerte. Por eso, podemos pensar que nuestra persecución –en esas cosas pequeñas o en otras mayores– durará hasta el final de nuestras vidas. Y así, aunque las dificultades no pasen, no debemos perder la esperanza: «No es el siervo más que su amo».
Grandeza de alma para saber soportar con alegría y amor las dificultades. Son estos tiempos de crisis, y en ellos demostremos al resto de los hombres –como decía san Ignacio de Antioquía– que el cristianismo no es obra de persuasión, sino de grandeza de alma. La magnanimidad (magna-anima) de quien no espera tener algún día una casa grande –con piscina y jardín– y un Jeep para ir a esquiar, sino que tiene la inmensa y firme esperanza de alcanzar el Amor Supremo, un Amor que no envejece ni se acostumbra a amar, una felicidad que no pasa, una alegría mayor que la de descender fluidamente por una pista alpina que nunca termina... Demostrémoslo brillando con nuestra paciencia y buen humor. Convenzamos a los demás con la palabra de nuestra caridad. ¿O de veras crees que ha existido alguien en la historia más feliz y más alegre que María?

Fulgencio Espá, Con El, 4 de mayo
EVANGELIO
San Juan 15, 18-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia. Recordad lo que os dije: “No es el siervo más que su amo”. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió».

ABRAHÁN Y ULISES



     Son dos personajes famosísimos. Uno de la historia, otro de la literatura. Contemporáneos. Muchos siglos antes de Cristo. Abrahán y Ulises. En el fondo, dos modos de vivir.
Ulises representa la lucha. Este héroe griego tuvo que batallar contra miles de dificultades. Puso en juego toda su fuerza, y consiguió sobrevivir a innumerables peligros: los maléficos cantos de las sirenas, la enconada lucha con Polifemo... Ulises peleaba por recuperar a su esposa y a Telémaco, su hijo. Ulises es fuerte y astuto, así que no se deja vender fácilmente: sabe que puede triunfar sobre dioses y hombres. Es poderoso y valiente.
Sin embargo, toda su fuerza no le sirvió para vencer a su trágico destino. La historia de Ulises está llena de confusión, muerte, sin sentido y vacío.
Mientras que Ulises es un personaje de la literatura griega, Abrahán es una figura histórica, que vivió en Ur de Caldea y acabó por ser padre de un pueblo numeroso como las estrellas del cielo: Israel.
Abrahán no representa la fuerza, como Ulises, sino la capacidad de escucha. Abrahán supo escuchar. Un día oyó en su corazón la llamada de Dios que le mandaba salir de su tierra para caminar hacia otro lugar que Dios le daría: Abram, Abram, vete de tu tierra y de tu patria, de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande y te bendeciré... (cfr. Gn12, 1-2).
La vida de Abrahán no se fundamentó sobre la fuerza y el amor propio, sino sobre la experiencia de una voz interior e imperiosa que le llamó. Abrahán se fió de Dios y de su llamada, que resonaba en el fondo de su alma y le reclamaba una obediencia total. Mucho antes que mis propios pensamientos –pensaría Abrahán–, mucho antes que mis propias decisiones, está Dios mismo llamando a una filial obediencia.

Ulises: la fuerza, la astucia, el empeño, los puños, el agotamiento... y, al final, la desolación de poner toda la esperanza humana en la obra de las propias manos. Así viven muchos contemporáneos nuestros: ganar dinero, ser el mejor, despuntar en todo, no fallar nunca, la mejor inteligencia, el cuerpo más esbelto, el pelo más bonito... un perfeccionismo criminal.
Frente a Ulises, Abrahán: la confianza en Dios, el abandono, la escucha, la obediencia. Vivir de la confianza en Dios, esperar en Él; poner todo el empeño en hacer las cosas bien, pero sabiendo siempre que todo depende de Dios; no perder nunca la calma y saber escuchar siempre a nuestro Padre del Cielo.
Dos modelos de vida, dos modelos de conducta. ¿Ulises? ¿Abrahán? ¿Confiar solo en uno mismo o confiar sobre todo en Dios?
Un consejo: No pongáis vuestra esperanza en las obras de vuestras manos.
Enfocamos nuestra vida –todo el rato– conforme a nuestros planes. Nuestra imaginación está constantemente planificando el día, para hacer más y más cosas. Nuestra memoria nos recuerda constantemente el eco que tuvieron nuestras obras: si fuimos aceptados o acertados en aquello que hicimos, si nos aplaudieron o nos abuchearon, si gustamos o quedamos fatal. Finalmente, nuestra inteligencia razona todo el rato cómo conseguir más, como ser más, como crecer más, empleando cualquier medio que sea necesario. Estamos a gusto en la medida en que nos salen bien las cosas y a disgusto cuando las cosas no van como nos parece...
Como diría Jesús, esto también lo hacen los paganos. ¿En qué se diferencia tu vida de creyente? ¿Te fías verdaderamente de Dios?

Una vida pendiente de lo que somos capaces de hacer. Activismo. Eficiencia. Eficacia. ¿De veras quieres creer en eso? Piénsalo: uno no vale lo que es capaz de hacer, es mentira. Uno no vale lo que pesa su inteligencia, uno no vale lo que revela su cuerpo, unono vale lo que transparenta su belleza. El valor fundamental de la persona humana es el amor que Dios nos tiene a cada uno. Por eso somos capaces de amar a los demás, también cuando hacen cosas mal, o cuandono son el número uno, o cuando no son los más guapos ni las más guapas. Les queremos porque sabemos que son hijos de Dios y dignos de nuestro amor, independientemente de lo que tengan o de lo que hagan.
Hay un lugar muy concreto para aprender esta lección de amor de Dios: la Eucaristía, escuela de confianza en Dios. En ella recibimos el pan del cielo, don anterior a toda capacidad propia, regalo que supera cualquier disposición nuestra. Lo dice Jesús en el evangelio de hoy: Es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. En la Eucaristía reconocemos el significado verdadero de la palabra gratuito: Dios nos da algo que está muy por encima de nuestras posibilidades. Dios se da a Sí mismo
La Eucaristía es un don del cielo que nos enseña a vivir según la mentalidad divina, a fiarnos de Dios. ¡Qué importante que nuestra vida la guíe el hambre del Don del cielo! Vivir y fomentar el amor a la Eucaristía es el mejor modo de aprender a vivir por un amor que no pasa. Nuestras acciones son efímeras, tienen fecha de caducidad. Hacemos algo y enseguida estamos deseando llevar a cabo un nuevo proyecto. Incansablemente activos. Eso está bien, si existe un deseo de algo mayor: el deseo del pan eucarístico y del mismo cielo.
Cuando recibimos al Señor en la Eucaristía, aprendemos a vivir de Dios, a vivir con Dios y a escuchar a Dios. Comulgamos... y ya no hay que pensar ni planificar nada más. Manda Él, como en la vida de Abrahán. Hemos llegado donde había que llegar. Con Dios. Con Él; en Él abandonamos todas nuestras cargas; comulgamos y renovamos nuestra confianza en Dios, nos acercamos al Don celeste, el Pan que sacia toda hambre, pacifica todo corazón, aquieta toda alma.
Si somos capaces en ese momento de poner nuestra confianza en Dios... ¡cuánta paz en el corazón! Una paz insustituible, que es imposible encontrar en ninguna realización material o profesional.
¡Señor –decimos con los discípulos–, danos siempre de este pan! (Jn 6, 34).
EVANGELIO
San Juan 6, 30-35
En aquel tiempo, dijo la gente a Jesús: —«¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Les dio a comer pan del cielo”». Jesús les replicó: —«Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo». Entonces le dijeron: —«Señor, danos siempre de este pan». Jesús les contestó: —«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed».

Fulgencio Espá. Con Él, 16 de abril

IV Recibid el Espíritu Santo. Os conviene que Yo me vaya... os enviaré al Consolador



MISIÓN PORTA FIDEI

IV Recibid el Espíritu Santo. Os conviene que Yo me vaya... os enviaré al Consolador

                Leemos en primer lugar el texto de San Juan indicado para esta catequesis: 
                Ahora voy a quien me envió y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Adónde vas? Pero porque os he dicho esto, vuestro corazón se ha llenado de tristeza; más yo os digo la verdad: os conviene que me vaya, pues si no me voy, el Paráclito no vendrá a vosotros. En cambio, si yo me voy os lo enviaré. Y cuando venga El, argüirá al mundo de pecado, de justicia y de juicio: de pecado, porque no creen en mí; de justicia, porque me voy al Padre y ya no me veréis; de juicio, porque el príncipe de este mundo ya está juzgado. Todavía tengo que deciros muchas cosas, pero no podéis sobrellevarlas ahora. Cuando venga Aquél, el Espíritu de la verdad, os guiará hacia toda la verdad, pues no hablará por sí mismo, sino que dirá todo lo que oiga y os anunciará lo que ha de venir.[1]

                ¡Qué difíciles de comprender debieron ser estas palabras para los discípulos! ¿Podría haber algo mejor que la compañía constante del Maestro? Deberían esperar a Pentecostés para empezar a darse cuenta. Recordemos la escena.

                "Al cumplirse el día de Pentecostés, estando juntos en un lugar, se produjo de pronto un ruido proveniente del           cielo como el de un viento que sopla impetuosamente, que  invadió toda la casa en que residían. Aparecieron, como  divididas, lenguas de fuego, que se posaron sobre cada uno  de ellos, quedando todos llenos del Espíritu Santo" [2]

                La venida del Espíritu Santo es el cumplimiento de una de las promesas que hizo el Señor a sus discípulos y que están recogidas en el Evangelio. Las palabras que acabamos de leer:"Os conviene que yo me vaya. Porque si no me fuere, el Abogado no vendrá a vosotros; pero, si me fuere, os lo enviaré" [3]. Otras promesas: "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo le resucitaré el último día" [4]"Yo estaré con vosotros siempre hasta la consumación del mundo" [5]"Vosotros, pues, ahora tenéis tristeza; pero de nuevo os veré, y se alegrará vuestro corazón, y nadie será capaz de quitaros vuestra alegría" [6]

                Después de la Ascensión, los Apóstoles prepararon la venida del Espíritu Santo, según cuenta San Lucas en Los hechos de los Apóstoles: "Todos éstos perseveraban unánimes en la oración" [7]

                La Tercera Persona de la Santísima Trinidad transformó a los discípulos del Señor. Los evangelistas no ocultaron su miedo, sus respetos humanos, que estaban escondidos por temor a los judíos... Y el mismo día de Pentecostés predican ante la muchedumbre, hablan de Cristo a miles de personas.

                "Residían en Jerusalén judíos varones piadosos, de  cuantas naciones hay bajo el cielo, y habiéndose corrido la voz, se juntó una muchedumbre, que se quedó confusa al oírles hablar cada uno en su propia lengua. Estupefactos de admiración, decían: Todos estos que hablan, ¿no son galileos? Pues ¿cómo nosotros los oímos cada uno en nuestra propia lengua, en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, ls que habitan en Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto y Asia, Frigia y Panfilia, Egipto y las partes de Libia que están contra Cirene, y los forasteros romanos, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, los oímos hablar en nuestra propias lenguas las grandezas de Dios. Todos, fuera de sí y sorprendidos, se decían unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? Otros, burlándose, decían: Están cargados de mosto"[8]

                La misión apostólica que empezaron a realizar los discípulos el día de Pentecostés es la desempeñada por todos los cristianos a lo largo de los siglos y la tarea espléndida que tenemos en nuestras manos. Sabemos que esa misión tendrá un fruto extraordinario: el que San Juan, impulsado por el Espíritu Santo, describe en el Apocalipsis.[9]

                ¿Cuál fue el secreto de Pentecostés? La docilidad de los primeros cristianos. Ahora tenemos al Santificador con la misma presencia amorosa y santificadora que entonces. Seamos dóciles para recibir al Espíritu Santo y sus dones. Fijémonos en el cambio producido en los Apóstoles. Y recordemos brevemente el contenido de los dones que el Espíritu Santo derrama sobre ellos:

* Don de sabiduría: antes no gustaban las cosas de Dios, ahora sí. Este don nos ayuda a saborear las cosa de Dios.

* Don de entendimiento: antes no entendían muchas cosas sobre el Señor, ahora las comprenden. Este don nos ayuda a entender mejor las verdades de nuestra fe.

* Don de consejo: antes no sabían aconsejar bien, ahora saben decir a los que les escuchan qué han de hacer para abandonar su mala vida y orientarse definitivamente hacia Dios. Este don nos ayuda a saber lo que Dios quiere de nosotros y de los demás. 

* Don de fortaleza: antes tenían miedo, ahora hablan con audacia y sin temor. Este don nos da fuerzas y valor para hacer las cosas que Dios quiere.

* Don de ciencia: antes eran incultos e ignorantes, ahora hablan lenguas extrañas. Este don nos enseña cuáles son las cosas que ayudan a caminar hacia Dios

* Don de piedad: antes no eran piadosos  se duermen en el Huerto de los Olivos, no rezan , ahora actúan como hijos de Dios. Este don hace que amemos más y mejor a Dios y al prójimo.

* Don de temor de Dios: antes no cumplían siempre la voluntad de Dios, ahora sí. Este don nos ayuda a no ofender a Dios cuando flaquee nuestro amor.

                El Espíritu Santo actúa dentro de nosotros: no poner obstáculos a su acción en nuestra alma. De modo especial, el Espíritu Santo viene en ayuda de nuestra flaqueza, cuando rezar es difícil. "Porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; pero el mismo Espíritu aboga por nosotros con gemidos inenarrables" [10]La intercesión del Espíritu Santo dentro de nosotros no es menos divina que la de Cristo desde el cielo.

                Despojarnos del "hombre viejo". Juventud espiritual. El Espíritu Santo nos enseña que, aunque pasen los años, podemos conservar la juventud espiritual y acrecentarla. Nuestro testimonio cristiano debe ser siempre joven. Un verdadero testigo de Cristo no envejece nunca, porque Cristo no envejece nunca, es el mismo "ayer, hoy y siempre"[11]. Cristo nos da el Espíritu Santo, que nos rejuvenece espiritualmente y mantiene a la Iglesia en una permanente juventud.

                Tratar a Dios Espíritu Santo. Que esta Persona Divina no sea un desconocido para nosotros
                Acudamos siempre a esta Persona Divina: "Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo, inspírame siempre lo que debo pensar, lo que debo decir, cómo debo decirlo, lo que debo callar, lo que debo escribir, cómo debo actuar, lo que debo hacer para procurar tu gloria, el bien de las almas y mi propia santificación, y ayúdame a seguirlo" [12]

     Nos dirigimos al Espíritu Santo con esta oración de San Agustín:

     Alienta en mí, Espíritu Santo, para pensar cosas santas.
     Inspírame, Espíritu Santo, para hacer cosas santas.
     Atráeme, Espíritu Santo, para amar las cosas santas.
     Fortaléceme, Espíritu Santo, para defender las cosas santas.
     Protégeme, Espíritu Santo, para no verme nunca despojado de las cosas santas.

                En el día de Pentecostés tiene lugar el nacimiento de la Iglesia, que es santa y tiene los medios de santificación. Santa a pesar de estar formada por miembros pecadores como somos tú y yo. Purifiquemos constantemente con la gracia divina a través de la Penitencia y la Eucaristía. Y busquemos la santidad cristiana, a pesar de nuestra debilidad.[13]

                La Iglesia está muy relacionada con el Espíritu Santo. La Iglesia es como una nave. Ha sido construida por el propio Jesucristo, quien designó por pilotos a los Apóstoles y por comandante a San Pedro. Los fieles somos los marineros; contamos con los Sacramentos, las virtudes cristianas y la Cruz. El viento favorable que la lleva al puerto es el Espíritu Santo.

                En una de sus homilías dijo el Papa Juan Pablo II: "Cristo no ha dejado a sus seguidores sin guía en la tarea de comprender y vivir el Evangelio. Antes de volver a su Padre prometió enviar su Espíritu Santo a la Iglesia. (...) Este mismo Espíritu guía a los sucesores de los Apóstoles, vuestros Obispos unidos al Obispo de Roma, a quien se le encargó mantener la fe y 'predicar el Evangelio a toda criatura'. Escuchad su voz, pues os transmiten la palabra del Señor".

                Momentos difíciles. Tiempo de prueba. "Creíamos que después del Concilio vendría un día de sol para la historia de la Iglesia, pero en cambio ha llegado un día nublado, tormentoso, oscuro, lleno de búsquedas e incertidumbres y no resulta fácil transmitir la alegría de la comunión"[14]

                Pero fe en la Iglesia. "Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella". Dijo Pío IX cuando convocó el Concilio Vaticano I: "En un Concilio hay siempre tres períodos: el del diablo, que trata de complicarlo todo; el de los hombres, que trata de confundirlo; y, por último, el del Espíritu Santo, que todo lo aclara". Pidamos a Dios que llegue pronto este tercer período del Concilio Vaticano II, para que las aguas vuelvan a su cauce, para que la tormenta se vaya, para que empiece un nuevo amanecer que disipe las tinieblas del error y de la confusión.

                Renovemos el amor y la fidelidad a la Iglesia. "Ser fieles a la Iglesia es también vivir en íntima comunión con los Pastores puestos por el Espíritu Santo para regir el Pueblo de Dios; es aceptar con docilidad su Magisterio; es dar a conocer sus enseñanzas. Ser fieles a la Iglesia es no dejarse arrastrar por doctrinas e ideologías contrarias al dogma católico" [15]

                "La Iglesia es una Madre fuerte, hermosísima y sin mancha ni arruga, aunque en estos tiempos algunos se empeñen en afearla tanto y llegue a parecer vieja y sin fuerzas. Hemos de amarla particularmente, más que nunca, y amar también al Romano Pontífice, a los Sucesores de Pedro, Vicarios de Cristo"[16]

     Santa María, Madre de la Iglesia y Esposa de Dios Espíritu Santo.

ANÉCDOTAS

LA FUERZA QUE NECESITAMOS

                Un empleado de la General Motors había tratado de cortar cierto nuevo metal muy duro. Después de repetidos esfuerzos inútiles llevó el metal al administrador general de la corporación, que era un reconocido ingeniero de automóviles e inventor, y le dijo que no podía cortarlo.
El le preguntó:
           -¿Ha usado el diamante para cortar metales?
            El trabajador dijo que no;  fue a tratar de hacerlo y pudo cortarlo con el diamante.
           Entonces el administrador le dijo:
  - El metal no es demasiado duro, el problema es que nuestras herramientas no son suficientemente fuertes.
          Cristo sabía que las herramientas de los primeros discípulos no eran lo suficientemente fuertes para hacer el trabajo difícil que él les había asignado. Reconocía que la fortaleza humana no tenía la suficiente potencia para vivir el evangelio en plenitud y esparcir lo en un mundo hostil. Por eso Jesús había insistido en que sus discípulos esperaran a la venida del  Espíritu Santo en el día de Pentecostés, antes de dedicarse a la tarea que les había confiado. Fueron preparados para su misión apostólica por el poder del Espíritu Santo que vino a morar en sus corazones.
            Meditemos en la presencia del Santificador en el corazón del cristiano, Dios en nosotros, y secundemos su presencia. El Consolador sigue en nuestra alma como en el día extraordinario de Pentecostés. Sólo falta que aprendamos de aquellos primeros la lección: Hay que ser dóciles al Consolador y secundarle.

Rezar bien el Credo el Domingo

                Me encanta este video, que saco de un blog "amigo". Es verdad que a veces lo rezamos de cualquier modo, sin dar sentido a esta oración que han rezado durante tantos siglos los cristianos de todos los tiempos. Ya solo por ese motivo, merecería la pena pensar lo que decimos mientras lo ... rezamos.Además, es ocasión de paladear la belleza de nuestra fe católica (la verdad que Jesús trajo hace veinte siglos y que custodia su Iglesia) para mostrar a los demás, con orgullo, el tesoro de nuestra fe, que puede ser también de ellos, si la conocen y aceptan.




CAMINO DE NINGUNA PARTE

                Un matrimonio americano había salido de viaje. El esposo conducía enfebrecido. Había hecho ya trescientos kilómetros sin dejar de mirar de reojo al salpicadero. De repente la esposa consultó la guía de carreteras y anunció: «Nos hemos perdido». «¿Y qué?», replicó el marido. «¡Llevamos una media estupenda!».

                Ese estupendo promedio, camino de ninguna parte, es el que llevan algunos en su intento de llenar su día y su vida de sensación de diligencia y eficacia. Deberían recordar que cuando uno no sabe adónde va, acaba en otra parte.

                Los cristianos contamos con la asistencia del Espíritu Santo. Nos habla en la oración, en la Eucaristía. Nos aconseja en la confesión y en la dirección espiritual. Cuenta con nuestro esfuerzo para conocer la doctrina de Jesucristo contenida en el Evangelio y en el Catecismo de la Iglesia Católica.

EN ESTAS AULAS EMPECÉ A GANAR LA BATALLA DE WATERLOO

                Cuentan que el general Wellington, vencedor de Napoleón en la batalla de Waterloo visitó meses más tarde la academia militar en la que había estudiado.
                El entusiasmo de los cadetes con su visita fue extraordinario. Después de responder a mil preguntas sobre sus campañas militares y especialmente la última en la que había vencido al legendario emperador francés, el general miró a los alumnos fijamente y les dijo: "¿Sabéis donde empecé a ganar la batalla de Waterloo?" Ante el silencio de la concurrencia, prosiguió. "Comencé a ganarla en estas aulas. Sin el esfuerzo continuado en los años de alumno en esta escuela hubiera sido incapaz de ganarla.
                Un gran elogio al estudio, a la formación profesional que tiene para nosotros una aplicación muy clara. La fe recibida como don de Dios requiere de nuestra parte un serio esfuerzo para adquirir una seria formación doctrinal. Conozcamos bien el Evangelio, el Catecismo de la Iglesia y los libros que se nos aconseje en la dirección espiritual



[1] Juan 16, 5-13
[2] Hechos. 2, 1 4
[3] Juan 16, 7
[4] Juan 6, 54
[5] Mateo 28, 20
[6] Juan  16, 22
[7] Hechos 1, 14
[8] Hechos 2, 5 13
"Después de esto, en la visión, apareció una gran multitud que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie ante el trono y ante el Cordero, vestidos con túnicas blancas, y con palmas en sus manos, que gritaban con fuerte voz, diciendo: La salvación viene de nuestro Dios que se sienta sobre el trono, y del Cordero. Y todos los ángeles estaban de pie alrededor del trono, de los ancianos y de los cuatro seres, y cayeron sobre sus rostros ante el trono y adoraron a Dios, diciendo: Amén; la bendición, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fortaleza pertenecen a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén." Apocalipsis 7, 9-12
[10] Romanos 8, 26
[11] Hebreos 13, 8
[12] Cardenal Verdier
[13] "El Espíritu Santo, que es la caridad eterna, el vínculo de la unidad en la Trinidad, une con su fuerza en la caridad divina a los hombres dispersos, creando así la grande y multiforme comunidad de la Iglesia en todo el mundo. En los días que pasaron entre la Ascensión del Señor y el domingo de Pentecostés, los discípulos estaban reunidos con María en el Cenáculo para orar. Sabían que por sí solos no podían crear, organizar la Iglesia: la Iglesia debe nacer y organizarse por iniciativa divina; no es una criatura nuestra, sino un don de Dios. Sólo así crea también unidad, una unidad que debe crecer. La Iglesia en todo tiempo -y de modo especial en estos nueve días entre la Ascensión y Pentecostés- se une espiritualmente en el Cenáculo con los apóstoles y con María para implorar incesantemente la efusión del Espíritu Santo. Así, impulsada por su viento impetuoso, será capaz de anunciar el Evangelio hasta los últimos confines de la tierra." Benedicto XVI, Catequesis, 7-5-2008
[14]  Pablo VI, Discurso. 9.VI.72
[15] Juan Pablo II, Hom. 28.I.85
"¡Qué tarea y qué empeño el de la Iglesia, de difundir la Verdad revelada! Y todo para dar luz a la razón para que permanezca abierta a la sabiduría y a lo que son verdades últimas, así como también lo que tienen que ser los fundamentos de la moral y de la ética. Y es que, cuando descuidamos la Verdad, toma posesión el relativismo. Si no existe la verdad, el hombre no puede distinguir el bien del mal. Esa Verdad es Cristo mismo, al que adoramos, a quien contemplamos, de quien vivimos, de quien nos alimentamos." Carlos Osoro, Carta Pastoral sobre el año de la Fe, n. 1"Es necesario recordar, llegado este momento, unas palabras del Papa Benedicto XVI que son esenciales para nuestra vida: “La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios, celebración de los Sacramentos y servicio de la caridad. Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separase una de otra. Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia. La Iglesia es familia de Dios en el mundo. En esta familia no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario. Pero al mismo tiempo, la caritas-agapé supera los confines de la Iglesia” (Deus caritas est, 25)." Carlos Osoro, Carta Pastoral sobre el año de la Fe, n.8
[16] San Josemaría Escrivá, Carta, VI.73